jueves, 16 de julio de 2009

El sabor de las cerezas

"Estaba tan harto que decidí acabar con todo.
Una mañana, antes del amanecer, guardé una cuerda en mi coche.
Lo tenía decidido, quería matarme.

Llegué a las plantaciones de cerezos. Paré allí, estaba oscuro.
Tiré la cuerda alrededor de un árbol, pero no encontré el lado opuesto.
Lo intenté una y otra vez, pero no hubo manera.

Así que subí al árbol y até la cuerda con fuerza.
Entonces sentí algo suave bajo mis manos.
Cerezas, cerezas deliciosamente dulces.
Me di cuenta de que el sol estaba saliendo sobre la cima de la montaña.
Menudo sol, menudo paisaje, todo verde.

En ese mismo instante escuché a los niños saliendo de la escuela. Se paraban a mirarme. me pidieron que agitara el árbol.
Las cerezas caían y se las comían, me sentí feliz.
Recogí algunas para llevarlas a casa.
Mi mujer estaba durmiendo, cuando despertó también comió cerezas. Y las disfrutó.
Había declinado matarme y volvía a casa con unas cerezas.
Las cerezas me salvaron la vida, una cereza me salvó la vida. "

2 comentarios:

Oski dijo...

Muchas veces, las pequeñas cosas, son las que dan más sentido a la vida.

Un saludo.

Rafa dijo...

ta bueno el blog..., te he dejado un voto,pasa por el mío.